Vivir y trabajar en casa una nueva lógica habitacional
Diario La Ciudad
El avance del home office transformó la manera de habitar la vivienda. Cómo los espacios flexibles influyen hoy en la elección de departamentos.
Durante años, la vivienda fue pensada como un punto de llegada y de salida. Un lugar al que se volvía al final del día, relativamente ajeno a lo que ocurría puertas afuera. Esa separación, que parecía natural, empezó a desdibujarse sin grandes anuncios. Primero de manera tímida, luego con más fuerza. El trabajo dejó de estar atado a un escritorio fijo y la casa pasó a absorber funciones que antes le eran ajenas. No todas las viviendas respondieron igual a ese cambio, y esa diferencia empezó a pesar en las decisiones de compra.
Hoy, elegir un departamento implica algo más que calcular metros, ubicación y precio. Implica imaginar cómo se vive una semana completa dentro de ese espacio.
El hogar como espacio híbrido
El avance del home office no creó una moda pasajera, sino una nueva normalidad flexible. Incluso quienes trabajan de forma presencial suelen alternar días en casa, reuniones virtuales o tareas que requieren concentración fuera del horario tradicional.
La vivienda dejó de ser un contenedor pasivo. Pasó a ser escenario. Un mismo ambiente puede cumplir funciones distintas a lo largo del día: trabajo, descanso, ocio, encuentros. Esa superposición exige algo más que superficie. Exige adaptación.
Los compradores comenzaron a mirar los espacios con otra lógica. Ya no alcanza con que un departamento sea cómodo para habitarlo unas horas. Tiene que funcionar durante jornadas completas, con distintos ritmos y necesidades.
Flexibilidad antes que rigidez
Uno de los cambios más notorios está en la valoración de la flexibilidad espacial. Ambientes que pueden separarse, integrarse o redefinirse sin grandes obras ganaron protagonismo frente a distribuciones rígidas.
Un living que admite un escritorio sin invadir la circulación, un dormitorio que puede convertirse en espacio de trabajo temporal, un balcón aprovechable más allá del desahogo visual. Pequeños detalles que antes eran secundarios hoy se vuelven decisivos.
No se trata de sumar metros, sino de permitir usos diversos sin que el espacio se vuelva incómodo o forzado.
Luz, silencio y circulación

El home office puso en primer plano variables que antes se pasaban por alto. La luz natural dejó de ser solo un atributo estético para convertirse en una aliada del bienestar diario. La orientación, la ventilación cruzada y la relación con el exterior comenzaron a influir en la percepción del espacio.
El ruido también pasó a jugar un rol clave. Departamentos bien aislados, ubicados en calles menos transitadas o con una buena disposición interna, resultan más atractivos para quienes pasan gran parte del día en casa.
La circulación interna cobra otro sentido cuando no se trata solo de moverse entre ambientes, sino de convivir con otros usos en simultáneo.
Ubicación y vida urbana
La posibilidad de trabajar desde casa modificó la relación con la ciudad. Para algunos, redujo la necesidad de vivir cerca del trabajo. Para otros, reforzó el deseo de estar en zonas con oferta cultural, gastronómica y espacios al aire libre.
En barrios con fuerte identidad urbana, la vivienda se integra a un entorno que ofrece alternativas más allá del interior del departamento. Cafés, plazas, bibliotecas o espacios compartidos funcionan como extensiones informales del hogar.
Por eso, al analizar departamentos en venta en Palermo, muchos compradores valoran no solo el interior de la unidad, sino el entramado urbano que permite alternar trabajo, ocio y vida social sin grandes desplazamientos.
Ambientes chicos que funcionan mejor
Paradójicamente, el auge del trabajo remoto no siempre empujó a buscar viviendas más grandes. En muchos casos, reforzó el interés por departamentos compactos pero bien resueltos.
Un ambiente chico, si está correctamente diseñado, puede ofrecer mayor sensación de orden y control que una unidad amplia con espacios mal aprovechados. La clave está en la proporción, la iluminación y la posibilidad de delimitar funciones sin encerrar.
Esto explica por qué muchas personas priorizan la calidad del diseño por sobre la cantidad de metros.
Habitar de otra manera
Las tendencias de home office y espacios flexibles no cambiaron solo la forma de trabajar. Cambiaron la forma de mirar la vivienda. Lo que antes se evaluaba en minutos, hoy se piensa en horas, días y rutinas completas.
Elegir un departamento ya no es solo elegir dónde dormir, sino dónde transcurre buena parte de la vida. En ese cruce entre trabajo, descanso y vida cotidiana, la flexibilidad deja de ser un lujo y pasa a ser una condición cada vez más valorada.
La vivienda, al final, no se adapta a una moda. Se adapta a quienes la habitan. Y esa adaptación empieza a notarse mucho antes de firmar una escritura.