La historia de Villa Ariza uno de los barrios más antiguos de Ituzaingó

Para entender el origen de este trazado urbano hay que retroceder en el tiempo hasta el año 1907. Por aquel entonces, estas tierras eran un manto verde de 68 manzanas de campo

La historia de Villa Ariza uno de los barrios más antiguos de Ituzaingó
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El crecimiento del Conurbano Bonaerense suele explicarse a través de la llegada del ferrocarril, las oleadas migratorias o la instalación de las primeras grandes industrias. Sin embargo, en el oeste profundo, la piedra fundacional de una de las zonas residenciales más bellas de la región se colocó gracias a una idea que, vista desde la óptica del marketing actual, parece absolutamente imposible. Esta es la historia de Villa Ariza, uno de los barrios más antiguos de Ituzaingó, un rincón que nació del humo de los cigarrillos y el sueño de la casa propia.


Para entender el origen de este trazado urbano hay que retroceder en el tiempo hasta el año 1907. Por aquel entonces, estas tierras eran un manto verde de 68 manzanas de campo. El propietario de semejante extensión era José María Ariza, un visionario y tenaz empresario que, además, regenteaba la conocida fábrica de cigarrillos "La Favorita". Ariza se enfrentaba al desafío que compartían muchos terratenientes de la época: cómo poblar y vender lotes en zonas que todavía se percibían como alejadas de la gran capital.


Su estrategia de venta fue tan insólita como efectiva, quedando grabada para siempre en la mitología popular del oeste. Ariza lanzó una promoción que conectó de forma directa el consumo con el acceso a la tierra: aquel vecino que lograra juntar 500 marquillas vacías de los cigarrillos “Rico Tipo” —una de las marcas insignias de su empresa— se convertía, automáticamente, en dueño de un terreno propio. En tiempos donde el acceso a la vivienda ya requería un esfuerzo descomunal, la posibilidad de conseguir un lote fumando transformó la fisonomía de la zona. Las chimeneas empezaron a humear, los paquetes a acumularse y, casi sin darse cuenta, nació Villa Ariza.

El loteo avanzó con rapidez, pero la distancia con el centro comercial y la conectividad seguían siendo un problema. La solución llegó unos años después, en 1913, con una genialidad de la ingeniería y el transporte de la época: se inauguró el único tranvía a caballo del país, concebido específicamente para unir el flamante barrio con la estación de tren de Ituzaingó. Este medio de transporte se convirtió en el pulso vital de los pioneros. Aunque el progreso y el asfalto ganaron terreno, el pasado se resiste a desaparecer del todo. Quien camine hoy por la emblemática esquina de Defilippi y José María Paz, podrá observar con emoción que todavía se conservan algunos metros del pavimento original y restos de las vías de aquel antiguo tranvía.


Hoy, Villa Ariza es uno de los barrios más codiciados y buscados de Ituzaingó. Sus calles profundamente arboladas, sus chalets y su inalterable identidad residencial conviven con una sutil pero rica carga histórica. Incluso la nomenclatura de sus calles —muchas de ellas inspiradas en la historia uruguaya— funciona como un recordatorio de los lazos y las ideas de sus fundadores. A más de un siglo de aquella loca aventura de las marquillas, el barrio conserva intactas las huellas de un pasado que sigue vivo en el orgullo de sus vecinos.

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