La historia del transporte público en Ituzaingó
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Caminar hoy por Ituzaingó, disfrutar de la efervescencia de nuestro polo gastronómico o recorrer los nuevos espacios culturales, nos hace olvidar a veces que estas mismas calles guardan una memoria viva y pintoresca. Inicialmente, el transporte público local consistió en coches y taxis de alquiler tirados por caballos, que paulatinamente le fueron dando paso a los automotores.
De aquella época de tracción a sangre sobrevive una anécdota imperdible, atesorada por el vecino Amilcar Nicolás Voelklein: en la plaza sur: "el cochero Barbieri tenía dos caballos tan flacos que solían descansar apoyándose el uno contra el otro. Un día, mientras Barbieri dormía en el carro disipando los efectos de la bebida, unos muchachos del barrio le intercambiaron los caballos de lado. Los animales, acostumbrados a buscar su apoyo habitual, se inclinaron y, al no encontrarse, terminaron cayendo al suelo."
Otro hito inolvidable de la zona fue la línea de tranvía que unía la estación con el recién loteado barrio de Villa Ariza, combinando puntualmente con los horarios del ferrocarril. Desde 1914 hasta 1926 este tranvía fue a caballos, pero luego se modernizó con un motor Ford. Este ingenio mecánico tenía un magneto que permitía electrificar la baranda de acceso, un truco del conductor para ahuyentar a los chicos que solían colgarse del estribo. El servicio funcionó hasta 1937, cuando el intendente Rafael Amato ordenó levantar las vías para asfaltar las calles. La tarea quedó a cargo de Cristóbal Viana, aunque si caminan por la intersección de Olavarría y José María Paz, todavía hoy pueden observar un tramo histórico de aquellas vías.

Con el asfalto llegaron los colectivos. La Línea 6 (Estación Ituzaingó - Villa León - Puente Márquez) fue concesionada hacia 1938 a los hermanos Félix, Julio C. y Luis Rossi. Se mantenían gracias al subsidio del señor Alonso, dueño de la Papelera Ipasa, para trasladar a su personal. En 1943 la licencia pasó a Guerrieri, Marella y Alessandria, hasta ser anulada. De la época de los Rossi, el vecino Juan Andrés Mourguy recordaba una peculiar venganza: como en los días lindos nadie tomaba el colectivo para no pagar y preferían caminar, en los días de lluvia Rossi directamente no sacaba el coche y les gritaba a los vecinos empapados: "¡Ahora también vayan a pie!".
Por su parte, en 1933 Ramón Querel obtuvo la concesión de la línea Villa Ariza - Castelar. El pasaje costaba diez centavos y se prestaba con un solo vehículo conducido por Pedro Amaya, Domingo Echeverry, José Gómez y Manuel Fernández.
El salto definitivo a la modernidad lo daría la emblemática Línea 216. El 5 de enero de 1944, el diario La Tribuna anunció que, gracias a su "intensa campaña", los coches de la 216 ingresarían a la estación Ituzaingó. Con una tarifa de diez centavos, conectaban con Villa Ariza, Castelar, Morón y el Cementerio.
De esta misma empresa, al construirse el camino Castelar-Moreno en 1949, nació el ramal 269. Arrancó con solo dos coches, uno de ida y otro de vuelta, manejados por los choferes González, Miranda y Moreira. Como estaban pintados de un inconfundible color verde, los vecinos los apodaron rápidamente "Saratoga", en honor a una popular marca de cigarrillos de la época. El viaje inaugural fue todo un evento cívico, a tal punto que el primer coche fue conducido en un tramo de la avenida Martín Fierro por el mismísimo intendente de Morón, César Albistur Villegas.