La historia de la estatua de Ituzaingó en homenaje a los mimos
Santiago Menu
Quienes caminamos a diario por las calles de nuestro querido Ituzaingó sabemos que cada rincón esconde un pedazo de nuestra identidad. La Plaza 20 de Febrero, el corazón verde y social del distrito, no es la excepción. Allí, a escasos metros del histórico carrusel cuyas piezas parecen susurrar historias del siglo XVIII, y sobre la pintoresca vereda de la calle Soler, se erige una de las obras más entrañables de nuestra comunidad: una pareja de mimos forjada en cemento y hierro que recibe con los brazos abiertos a las familias de la zona.
Esta colorida y lúdica escultura capta de inmediato la atención de los más chicos. Representa de manera magistral a dos artistas de circo, con una composición particular: uno de los mimos se encuentra sentado sobre la espalda del otro. La genialidad de la pieza radica en su inteligente dualidad visual. Si uno se detiene a observarla desde el frente, percibe al instante una clásica y nostálgica escena teatral; sin embargo, al mirarla desde el costado, la silueta se transforma y revela una estructura escalonada, una verdadera invitación para que los niños se atrevan a treparla y hacerla parte de sus aventuras cotidianas.
El artífice detrás de esta maravilla no es otro que Danilo Bambú, indiscutiblemente el artista popular más reconocido y querido de Ituzaingó. Bambú dio vida a esta pieza en el año 1998. Lejos de concebirla como una obra intocable de exposición, el artista la pensó para el disfrute del pueblo. Por ello, la reforzó meticulosamente con sólidos hierros internos, garantizando que no solo fuera una bella pieza de arte urbano, sino también un juego completamente seguro para la plaza. En "Homenaje a los Mimos", su mayor anhelo era que los niños pudieran interactuar, subirse y jugar sin el temor de que el paso del tiempo o el uso la deterioraran.
Pero la magia de este gran escultor no se termina en la Plaza 20 de Febrero. Las huellas de Bambú están esparcidas por toda la ciudad y marcan la identidad del Oeste. El imponente monumento a Jorge Cafrune en la misma plaza, la icónica Esquina del Tango, los vibrantes murales de la Escuela Técnica N°1 y el legendario caballo de Parque Leloir son apenas algunos de sus trabajos más recordados. Su arte, de estilo inconfundible y cimentado en el uso del hierro, el cemento y la pintura, cruzó fronteras vecinales, dejando su impronta también en las calles de Morón y Haedo.
El legado de Danilo Bambú logró trascender los fríos salones del arte académico. Él eligió el espacio público como su trinchera de expresión, buscando siempre reflejar la esencia más pura de Ituzaingó: su frondosa arboleda, sus pájaros, su rica historia y el cauce del río Reconquista.
Hoy, las calles, plazas y veredas del Oeste conservan intactas las obras de Bambú. Descubrirlas en un paseo de domingo es, sin dudas, recorrer la historia reciente de nuestra comunidad, plasmada en cemento y colores, siempre al alcance de la mano y junto al pueblo.