La crisis golpea fuerte: Ya hay 17 mil personas buscando trabajo en Ituzaingó

Mientras las cifras oficiales celebran que el desempleo no estalla, miles de vecinos del oeste sobreviven trabajando unas pocas horas semanales en la informalidad o en aplicaciones de reparto.

La crisis golpea fuerte: Ya hay 17 mil personas buscando trabajo en Ituzaingó
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En las planillas oficiales, los números del mercado laboral bonaerense intentan mostrar una foto que las calles de Ituzaingó desmienten a diario. Detrás de los cierres de persianas en los centros comerciales de Brandsen, Villa Udaondo, José María Paz y el Centro histórico, se esconde una crisis silenciosa que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) no logra captar en toda su magnitud: el ejército de los "falsos ocupados". Y en el centro de esta ilusión estadística brilla, con colores flúor, el fenómeno de las aplicaciones de reparto y transporte.

La trampa de la "hora mínima" y el algoritmo

Para entender la disociación entre el termómetro social y el boletín oficial, hay que mirar la letra chica de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Siguiendo los estándares internacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el INDEC considera "ocupada" a cualquier persona que haya trabajado al menos una hora en la semana de referencia.

¿Qué significa esto en la práctica? Que el joven de Villa Ariza que encendió la aplicación de PedidosYa el viernes por la noche e hizo tres viajes en bicicleta por la Avenida Santa Rosa, o la mujer que limpió una casa por un par de horas, figuran en la misma columna estadística que un empleado bancario con jornada completa, aportes y aguinaldo. Para el Estado, no están desocupados. Para la realidad económica de sus hogares, sí lo están.

E
l crecimiento exponencial del trabajo por plataformas (delivery, Uber, Didi) se ha convertido en la gran aspiradora del desempleo abierto. Cuando las pymes de la zona de la Autopista del Oeste recortan personal, esos trabajadores descargan una app y automáticamente el sistema los clasifica como "ocupados". Esto baja artificialmente el desempleo, ocultando que la creación de empleo genuino y asalariado está paralizada, mientras dispara la precariedad de quienes asumen todos los costos operativos sin cobertura laboral.

La radiografía de la urgencia en Ituzaingó

Si cruzamos los microdatos del último Censo 2022 con las proyecciones actuales para el Gran Buenos Aires en este primer trimestre de 2026, Ituzaingó presenta un escenario alarmante. De las aproximadamente 85.000 personas que componen su Población Económicamente Activa, Cerca de 8000 vecinos están técnicamente desocupados (cero horas trabajadas).

Más de 9.000 ituzainguenses figuran como "ocupados" bajo la figura del monotributo precario o el trabajo de plataformas. Trabajan las horas que el algoritmo y la demanda les permiten, pero buscan desesperadamente un empleo estable porque sus ingresos corren muy por detrás de la Canasta Básica.

Sumando ambos universos, estamos hablando de más de 17.000 personas en Ituzaingó con problemas severos de inserción laboral. La inmensa mayoría de este grupo vulnerable tiene rostro de joven menor de 30 años o de mujer, empujados a un cuentapropismo de supervivencia

La cadena de precarización mutua entre el mostrador y la calle

Si la aplicación en el celular es el salvavidas del joven desocupado, también se ha convertido en el respirador artificial de la gastronomía de Ituzaingó. En los corredores de la Avenida Santa Rosa, el centro histórico y hasta en el exclusivo polo de Parque Leloir, el fenómeno de las plataformas ha creado lo que en economía urbana ya se define como una cadena de precarización mutua.

Ante la brutal caída del poder adquisitivo y el aumento desmedido de los costos fijos (tarifas de luz, gas y alquileres comerciales), el consumo en los salones se desplomó. Para la histórica pizzería de barrio o la nueva hamburguesería, el delivery dejó de ser un servicio extra para convertirse en la única vía de supervivencia. Pero esta dependencia tiene un costo altísimo.

Las plataformas de reparto retienen comisiones que oscilan entre el 25% y el 35% del valor de cada pedido. Con márgenes de ganancia mínimos, al dueño del local le resulta financieramente imposible contratar a un repartidor en relación de dependencia. Es aquí donde el local terceriza el riesgo laboral en la aplicación, y la aplicación se lo traslada al joven que espera en la vereda.

Para la lupa del INDEC y las estadísticas de ARCA, esta escena es un éxito macroeconómico: hay una Pyme comercial activa (tributando) y un joven "ocupado" (facturando). Sin embargo, la realidad local muestra una microeconomía de subsistencia donde ambas partes se autoexplotan para no caerse del sistema, mientras la rentabilidad se fuga del distrito

Gobernar sin el mapa completo

El fenómeno de la "uberización" del trabajo y el refugio en las changas han roto el termómetro tradicional. Celebrar que la desocupación no se dispara a niveles históricos es ignorar que la crisis mutó: hoy la falta de empleo se disfraza con una mochila térmica en la espalda o facturando el mínimo del monotributo. Reconocer que trabajar unas horas por semana en la informalidad es una forma de desempleo encubierto es el primer paso indispensable para que el Estado —en todos sus niveles— diseñe políticas económicas que respondan a la urgencia real y no a un espejismo estadístico.

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