Ituzaingó: el eco de los sables en nuestras calles
Santiago Menu
¿Alguna vez se preguntaron por qué vivimos rodeados de nombres militares y fechas patrias? Hoy, en nuestra sección de efemérides y cultura local, desandamos la gesta que nos dio identidad: la Batalla de Ituzaingó.
La guerra que enfrentó a las Provincias Unidas del Río de la Plata con el Imperio del Brasil (1825-1828) fue de un neto corte territorial. Aprovechando nuestros conflictos internos, las fuerzas lusitanas habían ocupado el actual territorio de Uruguay, anexándolo bajo el nombre de "Provincia Cisplatina".
Sin embargo, los lazos rioplatenses eran más fuertes que las ambiciones del Imperio. En 1825, la audaz cruzada de los Treinta y Tres Orientales, liderados por Juan Antonio Lavalleja y apoyados desde Buenos Aires, encendió la chispa. Tras declarar la independencia de la Banda Oriental y su reincorporación a nuestro territorio el 25 de agosto de 1825, el Emperador Pedro I nos declaró la guerra el 1 de diciembre de ese mismo año.

En 1826, el General Carlos María de Alvear —un militar de cuna ilustre, de modales aristocráticos y forjado en Europa luchando contra las tropas napoleónicas— asumió como jefe del Ejército Republicano de Operaciones.
El 20 de febrero de 1827, en las cercanías de un arroyo no muy caudaloso llamado Ituzaingó, se produjo el choque decisivo. El ejército argentino, con unos 9.000 hombres, enfrentó a las superiores tropas imperiales del Marqués de Barbacena. El clímax del combate llegó cuando Alvear, notando un error táctico enemigo, ordenó al Coronel Federico Brandsen una carga frontal cruzando una profunda y peligrosa zanja.
Su sacrificio y el de su ayudante Lavalle no fueron en vano; la carga destrozó las filas enemigas y garantizó una de las victorias militares más brillantes de nuestra historia en apenas seis horas.
Nuestro rincón en el oeste bonaerense abrazó esta epopeya definitivamente en 1873, cuando el Ferrocarril del Oeste eligió el nombre de Ituzaingó para nuestra estación, desplazando la antigua denominación del paraje, "Santa Rosa".
La memoria comunitaria se fortaleció en 1927 cuando un grupo de notables vecinos —entre ellos el ingeniero Emilio Agrelo— publicó un prolijo documento inédito para el centenario de la batalla. Esta consciencia histórica se consolidó con una ordenanza municipal en 1940, transformando nuestro plano urbano en un homenaje permanente: nuestra plaza principal ostenta con orgullo el nombre de 20 de Febrero, la fecha de la batalla y las calles Brandsen y Manuel Besares rinden honor a los jefes que dejaron su vida en el campo. A su vez, a diario transitamos por Soler, Lavalle, Olavarría, Pacheco, Iriarte, Mansilla, Laguna y Arengreen, protagonistas directos de la victoria; y calles como Lavalleja, Oribe, Ribera y 33 Orientales abrazan a nuestros hermanos uruguayos. Por último, arterias como Bacacay, Ombú, Juncal, Los Pozos y Camacuá rememoran los combates de la contienda.
Lamentablemente, los enormes logros conquistados con sable y coraje en las llanuras de Ituzaingó fueron luego debilitados en los fríos escritorios de la diplomacia. Pero esa es otra historia. Lo que es indudable es que, en nuestro municipio, el triunfo sigue intacto en cada esquina.