Falleció en su casa de Parque Leloir el Indio Solari

Hoy, la Argentina no solo despide a un cantante de rock; despide a un agudo sociólogo urbano sin diploma, a un poeta maldito que supo retratar como nadie las miserias, las esperanzas, la marginalidad y la belleza de la sociedad contemporánea

Falleció en su casa de Parque Leloir el Indio Solari
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A partir de las primeras horas de la mañana, los rumores comenzaron a circular por las redacciones de todo el país, hasta que finalmente el entorno más íntimo del músico confirmó la dolorosa noticia. El cantante, conocido históricamente por su estricto bajo perfil, su resguardo de la privacidad y su esquiva relación con los medios de comunicación tradicionales, falleció en su residencia, la mítica casa estudio "Luzbola", ubicada en el barrio de Parque Leloir, en nuestra ciudad.

El artista había construido alrededor de su figura un magnetismo singular y sin precedentes en la historia del espectáculo latinoamericano. Su última aparición pública se había registrado en enero de este mismo año, a través de un mensaje grabado en video cuando recibió el título de Doctor Honoris Causa otorgado por la Universidad de Buenos Aires (UBA), un reconocimiento académico que validó su inmenso aporte a la cultura popular. Su influencia, indiscutible y arrolladora, se extendió mucho más allá de la música, convirtiéndose en un referente de la contracultura y en uno de los personajes más enigmáticos, lúcidos y respetados del arte argentino de las últimas cinco décadas. Para especialistas y sociólogos, su particular color de voz y el uso magistral de metáforas crípticas en sus letras lo consagraron como una figura central dentro de la literatura y la música popular argentina.

Los antecedentes: El mito de Patricio Rey y la revolución independiente

Para comprender la magnitud de la pérdida que hoy enluta al país, es imperativo remontarse a los orígenes del fenómeno. En el año 1975, en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, el Indio Solari y el guitarrista Eduardo "Skay" Beilinson fundaron Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. En sus inicios, el proyecto era una suerte de cooperativa artística multidisciplinaria que incluía monologuistas, bailarinas y músicos rotativos. Desde sus primeros pasos en pequeños teatros y bares del circuito underground, la banda estableció una ética y una estética propias, tanto en lo estrictamente musical como en su modo, inédito hasta entonces, de relacionarse con el público.

La independencia artística absoluta, la autogestión como bandera innegociable y la distancia prudencial respecto de los grandes medios masivos de comunicación, la televisión y las productoras multinacionales, marcaron a fuego el recorrido de la agrupación. Según datos de la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (CAPIF), Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota logró cifras de ventas extraordinarias sin recurrir a las maquinarias de marketing tradicionales, editando nueve álbumes de estudio bajo su propio sello discográfico, "Del Cielito Records" y posteriormente "Patricio Rey Discos", hasta su disolución definitiva en el año 2001.

Discos fundamentales que hoy son piezas de museo del rock en español como Gulp! (1985), Oktubre (1986) —una obra maestra de atmósfera oscura influenciada por la Guerra Fría y el contexto post-dictadura en Argentina—, Un baión para el ojo idiota (1988), ¡Bang! ¡Bang!... Estás liquidado (1989), La mosca y la sopa (1991), y Luzbelito (1996), forman parte del repertorio esencial e ineludible del rock argentino. Canciones como "Jijiji", cuyo solo de guitarra y frenético ritmo propiciaron lo que la prensa especializada bautizó como "el pogo más grande del mundo", "La bestia pop", "Todo un palo" o "Un ángel para tu soledad", se convirtieron en auténticos himnos populares, cantados en las tribunas de los estadios de fútbol y en los barrios más recónditos del territorio nacional.

Durante la década de 1990, la banda experimentó un crecimiento exponencial que desafió cualquier lógica de la industria del entretenimiento. Pasaron de tocar en estadios cerrados de tamaño mediano como Obras Sanitarias, a reventar estadios de fútbol enteros como los de Huracán, Racing Club y River Plate. Las presentaciones en vivo se transformaron en lo que los propios fanáticos, autodenominados "ricoteros", llamaron "Misas". Estas misas eran verdaderas peregrinaciones masivas de jóvenes de todas las clases sociales, aunque con una fuerte impronta de los sectores trabajadores y marginales, que viajaban desde todos los puntos cardinales del país para vivir una experiencia de comunión catártica. Sin embargo, esta masividad también trajo aparejados conflictos con las fuerzas de seguridad, cuyo punto más trágico fue la detención y posterior muerte del joven Walter Bulacio en 1991 tras un recital en el Estadio Obras, un hecho de violencia institucional que marcó profundamente a la banda y a su público.

La etapa solista: Los Fundamentalistas y la masividad sin frenos

La intempestiva separación de Los Redondos a fines del año 2001, en medio del estallido social, político y económico que atravesaba la República Argentina, supuso un profundo hiato en la carrera de Solari, motivado por irreconciliables diferencias respecto a la custodia del material audiovisual histórico de la banda con Skay Beilinson y la mánager "La Negra" Poli. No fue hasta el año 2004 que el Indio reapareció públicamente, presentando el primer álbum de su flamante nueva etapa solista, acompañado por una virtuosa banda de apoyo a la que bautizó "Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado". Este primer trabajo, bajo el nombre de El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel), demostró que su capacidad compositiva estaba intacta y que su público lo había esperado pacientemente

A este exitoso debut le siguieron producciones discográficas de altísima calidad sonora y lírica: Porco Rex en 2007 (donde incluyó un celebrado dueto con Andrés Calamaro bajo el seudónimo de "El inefable señor Gama Alta"), El perfume de la tempestad en el año 2010, Pajaritos, bravos muchachitos en 2013, y finalmente su último trabajo íntegramente de estudio lanzado en formato físico, El ruiseñor, el amor y la muerte, que vio la luz en 2018. Durante toda esta prolífica etapa, Solari mantuvo una relación de lealtad inquebrantable e intensa con su público, que lo acompañó fielmente en cada presentación.

El modelo de sus conciertos mutó: realizaba apenas uno o dos recitales por año, siempre en enormes predios al aire libre ubicados en el interior del país, alejados de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ciudades como Tandil, Junín, Mendoza, Salta y Gualeguaychú se paralizaban por completo durante los fines de semana en los que tocaba el Indio Solari, recibiendo impactos económicos millonarios gracias al turismo musical.

El último recital en vivo presencial y de cuerpo presente del Indio Solari tuvo lugar en el predio rural La Colmena, en la ciudad bonaerense de Olavarría, la fatídica y fría noche del 11 de marzo de 2017. Fue un evento masivo que superó cualquier previsión estadística en la historia del país. Según cifras oficiales aportadas posteriormente en sede judicial y publicadas por medios nacionales especializados en economía de espectáculos, se estima que ingresaron al predio más de 300.000 personas, convirtiéndose en el espectáculo pago con mayor convocatoria en la historia de la República Argentina. Trágicamente, la desorganización y el colapso del lugar derivaron en el fallecimiento de dos espectadores, un hecho que afectó anímicamente al artista y que significó, a la postre, el final abrupto de sus míticas y faraónicas "misas".

La lucha contra el Parkinson, la literatura y el holograma

La salud de Carlos Alberto Solari comenzó a ocupar un lugar central en su vida pública a partir del año 2016. En marzo de ese año, en un gesto de extrema valentía y transparencia que sorprendió y conmovió profundamente a sus fieles seguidores, el Indio confirmó públicamente que padecía un trastorno neurodegenerativo. El histórico anuncio se produjo sobre el escenario durante un multitudinario recital en el Hipódromo de la ciudad de Tandil. Ante más de 150.000 almas en absoluto silencio, el artista tomó el micrófono y expresó una cita que quedaría grabada en la memoria colectiva: "Veo que en internet está circulando la versión de que estoy enfermo, y es verdad. El Parkinson me anda pisando los talones, pero bueno, aquí estoy".

Desde ese preciso momento, la dura enfermedad crónica se volvió parte insoslayable de su narrativa pública, y Solari, lejos de ocultarse de manera victimista, no dudó en hablar abiertamente sobre su dolorosa experiencia con la patología, brindando detalladas entrevistas radiales al escritor y periodista Marcelo Figueras, con quien además coescribió su extensa y reveladora autobiografía titulada Recuerdos que mienten un poco, publicada con gran éxito de ventas en el año 2019.

El inexorable avance del Parkinson no solo modificó drásticamente su rutina física y motriz cotidiana, confinándolo muchas veces al perímetro seguro de su casa en Parque Leloir, sino que también lo obligó a tomar una distancia obligada y definitiva de los escenarios. En el año 2023, confirmó a través de un comunicado radial su retiro definitivo e indeclinable de las presentaciones en vivo de manera presencial debido a la severa progresión de la enfermedad, que le impedía soportar el altísimo nivel de exigencia física y estrés psicológico que demandaba un show de tres horas de duración frente a mareas humanas.

Aun así, su indomable espíritu artístico y su mente hiperactiva encontraron formas vanguardistas e ingeniosas de mantenerse activo en la música. En un hito tecnológico para el rock latinoamericano, en 2020 recurrió al uso de técnicas holográficas y pantallas de ultimísima generación para ofrecer conciertos virtuales. Sus músicos, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, continuaron girando y tocando en vivo sus canciones, mientras la figura y la voz del Indio Solari aparecían proyectadas a escala monumental en las pantallas, cantando estrenos absolutos grabados desde su estudio casero. Esta dinámica mantuvo viva la llama ricotera, logrando agotar entradas en estadios como el Único de La Plata y el Palacio de los Deportes (Luna Park).

Un legado imborrable en la cultura nacional

Hoy, la Argentina no solo despide a un cantante de rock; despide a un agudo sociólogo urbano sin diploma, a un poeta maldito que supo retratar como nadie las miserias, las esperanzas, la marginalidad y la belleza de la sociedad contemporánea. Sus frases, crípticas pero extrañamente cotidianas, decoran paredes en forma de grafitis, remeras, tatuajes en la piel de miles de ciudadanos, banderas de clubes de fútbol e incluso discursos políticos. Citas de su autoría como "Vivir solo cuesta vida", "El lujo es vulgaridad", o "Violencia es mentir", han trascendido el soporte del disco compacto o el vinilo para integrarse de manera permanente al vocabulario popular y al imaginario colectivo argentino.

La partida de Carlos "Indio" Solari deja un inmenso vacío físico, pero un catálogo discográfico, literario y ético que será analizado y disfrutado por las generaciones venideras. Mientras los fanáticos comienzan a autoconvocarse de manera espontánea en plazas de todo el país y en las inmediaciones de Parque Leloir para rendirle un sentido último homenaje a su ídolo, queda la absoluta certeza de que, tal como él mismo cantaba en una de sus inmortales estrofas, su estrella seguirá brillando en la noche más profunda del rock nacional.

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