En el Región Oeste, la desocupación llega al 14 %
Sebastian Sanguinetti
En el primer trimestre de 2026, la desocupación en el Gran Buenos Aires trepó al 9,7%. Los municipios de Morón, Ituzaingó, Merlo y Hurlingham son el epicentro de un sismo económico marcado por el cierre masivo de Pymes y la parálisis de la obra pública nacional
La maquinaria productiva del conurbano bonaerense se ha detenido. Los recientes datos del mercado de trabajo publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), correspondientes al primer trimestre del año 2026, han encendido todas las alarmas. El aglomerado del Gran Buenos Aires registra un doloroso 9,7% de desempleo, consolidándose como uno de los polos de exclusión laboral más críticos del país.
En Conurbano Oeste la desocupación superó los dos dígitos
A través de la triangulación metódica de bases de datos alternativas, los registros administrativos formales del Sistema de la Seguridad Social sobre los seguros de desempleo, y, fundamental y decisivamente, las encuestas territoriales impulsadas por el prestigioso Observatorio del Conurbano Bonaerense perteneciente a la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), es factible trazar un perfil incontrastable de la catástrofe que atraviesa nuestra región oeste. El Conurbano Bonaerense, según el Observatorio y por su especialización en industria orientada al mercado interno y la construcción, siempre sufre caídas de empleo más pronunciadas y registra tasas de desocupación estructuralmente más altas que el promedio de la República Argentina.
De acuerdo a las investigaciones sostenidas en el territorio, la tasa de desocupación en la franja del oeste se infiere de manera directa en cifras de dos dígitos. Mientras el Gran Buenos Aires en promedio marca 9,7%, en los epicentros de mayor vulnerabilidad de la zona, como los cordones periféricos del partido de Merlo y en las áreas limítrofes compartidas entre Moreno, Ituzaingó y Hurlingham, el desempleo estructural ha superado nuevamente umbrales críticos ubicándose en promedios oscilantes entre el 12% y el 14% de la Población Económicamente Activa.
Paralelamente a esta destrucción de empleo pleno, la informalidad del trabajo asalariado en este sector productivo geográfico se infiere en torno al 47%, rebasando de forma preocupante y sostenida las propias y ya gravísimas cifras de la media nacional.
El centro comercial de Morón, históricamente uno de los más pujantes del oeste metropolitano, exhibe los estragos de la caída del consumo. En los primeros meses de 2026, la actividad minorista en el distrito cayó más del 15%.
La trampa de los números y la radiografía real
A nivel nacional, en apenas un año se destruyeron 32.200 puestos de trabajo formales, un vacío que fue "compensado" estadísticamente por más de 403.000 personas que cayeron en la informalidad laboral, elevando esta tasa al 44,2%. Las familias, acorraladas por la urgencia alimentaria, no pueden permitirse el "lujo" de buscar un trabajo formal durante meses. Se ven forzadas a aceptar empleos de indigencia.

Morón: El derrumbe del comercio y el ajuste estatal
El partido de Morón, nudo comercial y financiero neurálgico del oeste, ilustra a la perfección el impacto del desplome del mercado interno. La pérdida vertiginosa del poder adquisitivo —fruto de una inflación galopante previa y salarios deprimidos— ha paralizado el consumo de las clases medias.
Los números son escalofriantes. Según el Índice de Actividad Económica Local, las ventas minoristas cayeron más del 15% a principios de 2026.
"La caída vertiginosa en las ventas no solo son balances negativos para las empresas. Se traduce de forma inmediata en la no renovación de contratos temporales, supresión de horas extras y despidos masivos de empleados de comercio y maestranza", relata un referente de la Cámara de Comercio zonal.
Pero Morón no solo sangra por el sector privado. La subregión ha sido víctima directa del agresivo recorte del Estado Nacional. El Hospital Nacional Profesor Alejandro Posadas, coloso sanitario ubicado en El Palomar, ha sufrido la cesantía de más de 84 trabajadores altamente capacitados —desde enfermeros hasta técnicos de diagnóstico—La eliminación de estos salarios formales ejerce un efecto dominó letal: son millones de pesos mensuales que dejan de inyectarse en los comercios de barrio de Haedo, Castelar o Villa Tesei, retroalimentando una espiral recesiva que no parece tener fin.

Ituzaingó y Hurlingham: Agonía del tejido industrial Pyme
A pocos kilómetros, cruzando la Avenida Santa Rosa, la postal muta pero el dolor es el mismo. Ituzaingó y Hurlingham ostentan un tejido productivo cimentado en la Pequeña y Mediana Empresa (Pyme) de origen familiar: metalmecánica, inyección plástica, calzado y textiles. Hoy, ese motor está apagado.
La provincia de Buenos Aires asiste al cierre definitivo de casi 30 empresas por día. Las Pymes del oeste metropolitano, asfixiadas por la apertura importadora, el tarifazo feroz de energía eléctrica y gas, y tasas de interés prohibitivas, apenas operan con un 20% a 30% de su capacidad instalada.
Los registros del sistema de Seguridad Social corroboran este drama: la industria manufacturera encabeza el pico nacional de solicitudes de Seguro por Desempleo, aportando casi 37.000 cesanteados a las filas de la exclusión durante los últimos meses, en su inmensa mayoría provenientes de cinturones industriales urbanos como el oeste bonaerense.
Merlo: La asfixia financiera y el final de la obra pública
Si Morón y Hurlingham sufren el golpe industrial y comercial, el municipio de Merlo —que históricamente opera como límite de la expansión periurbana hacia el oeste profundo— vive un drama humanitario y financiero directo.
La orden gubernamental nacional de paralizar la obra pública (desde cloacas y pavimentación hasta viviendas sociales) eliminó de un plumazo miles de puestos de trabajo del sector de la construcción, histórico refugio laboral para la población masculina del segundo y tercer cordón del Conurbano.
Sin ingresos y sin un Estado presente, las familias de Merlo han caído en una trampa financiera letal: el endeudamiento para comer. "Este crédito no se contrae para la inversión o el progreso patrimonial, sino pura y exclusivamente para afrontar los gastos de subsistencia diaria, como la compra de alimentos básicos y medicamentos", destaca un informe sociológico sobre la región.
El índice de "mora" (atrasos superiores a 90 días en deudas de consumo o tarjetas) desnuda la brutalidad de la fractura social en Argentina. Mientras distritos ricos del corredor norte, como Vicente López, presentan una morosidad controlada del 15,1%, en Merlo esta cifra ha detonado hasta alcanzar el 34,4%. Es la asfixia total: un tercio de las familias no puede siquiera pagar el crédito que pidieron para comprar comida el mes anterior.
Municipio / Región del Conurbano | Nivel de Mora Crediticia (Atrasos >90 días) | Contraste Socioeconómico |
Vicente López (Zona Norte) | 15,1% | Bajo nivel de morosidad, asociado a población de mayores ingresos estables. |
Merlo (Zona Oeste) | 34,4% | Nivel crítico de morosidad, indicador de asfixia financiera y pérdida de ingresos laborales por desocupación. |
Moreno (Zona Oeste / Noroeste) | 35,9% | Pico de incapacidad de pago en el Conurbano, alta precarización. |
Mujeres y jóvenes: La base de la pirámide herida
Frente a la frialdad de las estadísticas generales, es crucial poner la lupa sobre los rostros más castigados de esta recesión: las mujeres y las juventudes del oeste bonaerense.
A nivel general del país, la desocupación femenina superó el 8,3%. Pero cuando el foco se ajusta sobre los jóvenes menores de 29 años, la cifra salta al 15,5% para las mujeres y al 14,6% para los varones.
Sus opciones, ante el cierre del comercio y la industria, se reducen dramáticamente a estrategias de autoempleo informal, el servicio doméstico precarizado o directamente el desaliento. La combinación de falta de ingresos formales y la ausencia de políticas de contención las empuja a ellas, y a los menores a su cargo, irreversiblemente hacia la pobreza y la indigencia.
El futuro: ¿Un modelo de precarización crónica?
Los datos estadísticos del primer trimestre de 2026 no solo cuentan lo que pasó; advierten lo que vendrá. En los municipios de Morón, Ituzaingó, Merlo y Hurlingham, el desempleo y la crisis no son una anomalía temporal, sino la consecuencia directa de una macroeconomía planificada para contraer el mercado interno.
Mientras se mantenga la depresión sistemática del poder de compra y se fomente la apertura importadora en detrimento de la producción nacional, el tejido Pyme, los comerciantes y los trabajadores del oeste continuarán siendo la principal variable de ajuste del modelo económico.
El 9,7% de desocupación en el Gran Buenos Aires no es simplemente un número publicado en una planilla Excel por el INDEC. Son miles de familias en Morón que no llegan a fin de mes, obreros metalúrgicos de Ituzaingó mirando máquinas apagadas, enfermeros despedidos en Hurlingham y vecinos de Merlo endeudados para comprar pan. De no mediar un giro radical en las políticas productivas nacionales, la economía de subsistencia, la precarización y la informalidad pasarán a ser, de manera trágica y definitiva, el nuevo estado natural de la vida en el oeste del Conurbano Bonaerense.