El Estado haciéndose cargo: Bajaron fuerte los femicidios en la Provincia de Buenos Aires
Sebastian Sanguinetti
La baja en la provincia de Buenos Aires es un indicio de que ciertas políticas de contención territorial pueden estar funcionando
La provincia de Buenos Aires registró una reducción en la cantidad de femicidios durante el primer semestre del año 2026, contabilizando 19 crímenes menos que en el mismo período del año anterior. Sin embargo, el informe elaborado por el Observatorio de Femicidios de la Defensoría del Pueblo de la Nación (OFDPN) arrojó una advertencia a nivel nacional: pese a la baja sostenida desde 2017, la violencia de género sigue enquistada en la estructura social de la Argentina, cobrándose la vida de una mujer cada 42 horas.
"La baja en la provincia de Buenos Aires es un indicio de que ciertas políticas de contención territorial pueden estar funcionando, pero el número global de 103 víctimas en medio año a nivel nacional nos exige dejar de lado cualquier triunfalismo. Hablamos de una mujer asesinada cada 42 horas. Hablamos de vidas truncadas por un sistema que, a nivel nacional, todavía llega tarde a la hora de proteger a quienes denuncian”, indicaron fuentes especializadas cercanas a la redacción del documento.
El Estado se hace cargo y previene
Este descenso en territorio bonaerense es el principal motor de la baja estadística nacional de este año y habla del posible impacto positivo de políticas locales de emergencia, botones antipánico y redes de contención barrial en las zonas más pobladas del conurbano.
Que pasa a nivel nacional
Durante los primeros seis meses de 2026, el Observatorio constató un total de 103 víctimas fatales a nivel nacional. Del total reportado, 82 crímenes corresponden a femicidios directos, es decir, mujeres asesinadas por el solo hecho de serlo. A esta cifra se le suman 6 femicidios vinculados, una modalidad donde el agresor asesina a personas del entorno íntimo de la mujer (frecuentemente sus hijos, actuales parejas o familiares directos) con el único objetivo de causarle un daño psicológico irreversible y perpetuo.
Pero la óptica del problema cambia de forma sustancial cuando se abandonan los números absolutos y se calculan las tasas de femicidios en proporción a la cantidad de población femenina que habita en cada territorio, basándose en las proyecciones actualizadas del Censo Nacional 2022.
Bajo esta perspectiva de impacto poblacional, el mapa de la tragedia se traslada directamente hacia el interior del país. El índice más alto de toda la República Argentina lo ostenta actualmente la provincia de Santiago del Estero. Allí, la violencia machista castiga con una ferocidad inusitada en relación a su cantidad de habitantes, dejando en evidencia la falta de recursos estatales, el fuerte arraigo de culturas patriarcales y las inmensas distancias geográficas que muchas veces impiden a las mujeres de zonas rurales acceder a un centro de denuncia o protección integral.
En orden decreciente de peligrosidad per cápita, a Santiago del Estero le siguen las provincias de Entre Ríos y Santa Fe. En el caso santafesino, la violencia de género convive y se retroalimenta con la crisis de seguridad pública generada por el narcotráfico, creando un ecosistema donde la vida de las mujeres está constantemente en la línea de fuego.
El agresor conocido y el hogar como trampa mortal
El informe del Observatorio de Femicidios de la Defensoría del Pueblo de la Nación ratifica un patrón histórico de la violencia de género: el peligro no suele estar en la calle, sino puertas adentro. En el 86% de los episodios letales analizados se constató fehacientemente que existía un lazo previo entre la mujer víctima y el atacante.
La mayor parte de estos casos fatales involucró a parejas, exparejas o vínculos de naturaleza sexoafectiva. Este dato corrobora contundentemente la naturaleza cercana y de extrema confianza de la gran mayoría de los femicidios que ocurren en la Argentina. Desglosando los números del vínculo, se constató que:
En 41 de los crímenes, el femicida era la actual pareja de la víctima.
En 14 casos, el perpetrador resultó ser la expareja.
En 18 episodios, el asesino fue clasificado como un "conocido" del entorno de la víctima.
En 7 oportunidades, el femicida fue el propio hijo de la víctima.
En 6 crímenes, el autor fue el padre.
Se registró 1 caso perpetrado por un nieto.
Se registró 1 caso cometido por un padrastro.
Se registró 1 caso llevado a cabo por un hijastro.
Se registró 1 femicidio a manos de un hermano.
En 3 hechos, el perpetrador fue un vecino de la víctima.
En 1 caso, el asesino fue catalogado como amante.
En 8 expedientes, no se informa la naturaleza del vínculo.