A 50 años del Golpe: como funcionaba la Máquina del Terror en el Oeste, El GT 100

En la llamada Subzona 16, el secuestro, la tortura y la desaparición de personas no fueron hechos aislados ni excesos de subordinados. Fueron el resultado de un plan sistemático operado a través de una estructura piramidal cuya punta de lanza en las calles era el Grupo de Tareas 100 (GT 100)

A 50 años del Golpe: como funcionaba la Máquina del Terror en el Oeste, El GT 100
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Cuando se habla del terrorismo de Estado en el conurbano bonaerense, el imaginario suele apuntar a los grandes operativos del Ejército o la Armada. Sin embargo, en el oeste profundo del Gran Buenos Aires, la arquitectura de la represión tuvo un sello distinto: el de la Fuerza Aérea Argentina.

En la llamada Subzona 16, el secuestro, la tortura y la desaparición de personas no fueron hechos aislados ni excesos de subordinados. Fueron el resultado de un plan sistemático operado a través de una estructura piramidal cuya punta de lanza en las calles era el Grupo de Tareas 100 (GT 100) y sus brazos ejecutores territoriales.

El organigrama del horror: GT 100 y sus subgrupos

Al analizar los expedientes de la megacausa "Mansión Seré", queda expuesto el esquema jerárquico de la represión local. La jefatura de la Subzona 16, a cargo de los brigadieres de las bases aéreas de Morón y El Palomar, comandaba directamente al GT 100.

Esta fuerza no era una simple "patota", sino una matriz operativa de composición mixta (militares y policías) de la cual dependían subgrupos que se repartían las áreas de la Subzona para garantizar el control total del territorio, del GT 100 dependian el Grupo de Tareas 10 (GT 10), Grupo de Tareas 11 (GT 11) y Grupo de Tareas 12 (GT 12)

Estos escuadrones eran los encargados de los secuestros nocturnos en barrios residenciales como Villa Ariza o Ituzaingó Sur, las irrupciones en fábricas a plena luz del día, y la aplicación de tormentos en centros clandestinos como la Mansión Seré o las dependencias de las propias Brigadas Aéreas.

La RIBA: El cerebro detrás de las cacerías

Los Grupos de Tareas no operaban al azar. La cacería humana contaba con la inteligencia de la RIBA (Regional de Inteligencia de Buenos Aires), con sede en Morón.

La RIBA funcionaba como el centro de reunión de información. Allí se procesaban los datos, se armaban las listas de delegados sindicales, estudiantes y militantes, y se "marcaban" los domicilios. Una vez que la Inteligencia entregaba el "blanco", el GT 100 o sus subgrupos ejecutaban el operativo utilizando vehículos sin patente, sumiendo a los barrios en el terror.

Las comisarías: El eslabón logístico y el "blanqueo"

El terror aéreo no podría haberse sostenido sin el control territorial de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Las dependencias locales, como la Comisaría 1ª de Ituzaingó, la Comisaría de Castelar, la Comisaría de Haedo, la Comisaría 1ª de Morón y la Comisaría de Moreno,fueron engranajes logísticos fundamentales.

Los testimonios judiciales son contundentes: varios sobrevivientes relataron que, al ser llevados a calabozos de comisarías locales, podían ver carteles en la pared indicando que los detenidos de esa celda estaban "A disposición del Grupo de Tareas 100". La policía aportaba el conocimiento de las calles, liberaba las zonas para que los militares operaran sin interrupciones y prestaba sus celdas para mantener prisioneros ocultos antes de su traslado a la Mansión Seré, o bien para "blanquear" detenciones.

El saldo judicial: La justicia tardía y el reloj de la impunidad

El desmantelamiento judicial del aparato represivo en la zona oeste ha sido un proceso largo, sostenido por la persistencia inclaudicable de los sobrevivientes. A medio siglo de los secuestros, el balance en los tribunales arroja condenas históricas, pero también evidencia el daño de la impunidad biológica.

Los condenados en las causas Mansión Seré (I, II y III) La Justicia logró probar el plan sistemático y condenar a prisión a gran parte de la cadena de mando y ejecutores:

La cúpula: Los brigadieres Hipólito Rafael Mariani, César Miguel Comes y Miguel Ángel Ossés, responsables máximos de la Subzona 16. De los tres jefes, Mariani y Osses han fallacido, Comes está con prisión domiciliaria.

La patota ejecutora: Suboficiales de la Fuerza Aérea como Marcelo Eduardo Barberis, Daniel Alfredo Scali, Mario Domingo Rulli y Julio Narciso Flores.

La complicidad policial: Efectivos como Néstor Rubén Oubiña y Felipe Ramón Sosa y Héctor Oscar Seisdedos

La impunidad biológica y los que faltan El gran enemigo de los juicios ha sido el tiempo. Varios represores fallecieron antes de recibir condena, entre ellos, Juan Carlos Hrubik: Oficial de Inteligencia y jefe directo de los interrogadores en la Mansión Seré. Falleció en 1998, años antes de la reapertura de las causas. Juan Carlos Vázquez Sarmiento: Jefe de Contrainteligencia que estuvo prófugo casi dos décadas. Capturado en 2021, falleció recientemente sin recibir condena por los secuestros y torturas de la megacausa Mansión Seré IV, tras intentar evadir el juicio fingiendo demencia.

Actualmente, el proceso judicial continúa. En la etapa de la causa Mansión Seré IV / RIBA II, se juzga a exmilitares y agentes de inteligencia como Julio César Leston, Ernesto Rafael Lynch, José Juan Zyska y Juan Carlos Herrera, la mitad de los imputados originales de este tramo fallecieron durante el proceso.

A casi medio siglo de los hechos, la reconstrucción de cómo operaba la Fuerza Aérea en Ituzaingó y la zona oeste no solo sirve para entender la ingeniería del terror, sino para devolverles a los vecinos la verdad ineludible sobre lo que ocurrió en sus propias calles.

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